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Kitzia Donaí
18.02.21
Amiens, Francia
La pandemia llegó en marzo sin que nos quisieramos dar cuenta, ya estaba en circulación bastante información al respecto pero creo que todes la evadiamos de alguna forma. A mi me ha tocado vivir la pandemia en Francia. En general pude quedarme en casa para estudiar, estaba por acabar mi maestría en diseño. Algunas veces la fortuna de ir a la escuela, aunque fue raro y triste estar en una escuela fantasma, casi vacía, donde había más mobiliario que estudiantes. De abril a julio intenté concentrarme en mi proyecto final, no tenía el aplomo para avanzar en el proyetco, solamente podía pensar en que si aquí las cosas se estaban poniendo bastantes difíciles, no quería ni imaginar como serían en México. Sobre todo porque gran parte de la población padece diabétes, hipertensión y sobre peso, también pensaba en como colapsaría el sistema de salud, puesto que hay una gran falta de recursos, personal y presupuesto. Ha sido difícil evitar estresarme, evitar sentir miedo del futuro próximo, el pensar que algún miembro de mi familia o amistad se pueda enfermar de gravedad o bien que sea yo a la que le pase y que no pueda verlos más. También pienso mucho en la gente que no puede despedirse de sus seres queridos, en el personal médico que debe estar exhausto y en la gente que sigue incrédula y no se cuida, propagando así el virus. Mi ciclo de sueño se ha desfazado y cuando estoy despierta las horas pasan muy rápido, no me rinde el tiempo. Aún así, intento informarme del virus sin que tenga una sobre carga de información, trato de tener mi espíritu y cuerpo lo más sanos posibles, he aprendido a contemplar y valorar la naturaleza, las estaciones del año y gracias a ello, a veces he encontrado un poco de serenidad. Espero en verdad que esta pandemia nos sirva para valorar lo escencial, ser más sanos en todos los sentidos y sobre todo aprender a trabajar en comunidad, cuidandónos.